Nuestra Civilización Electromagnética [ensayo]

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APUNTES PARA UNA HIPÓTESIS SOBRE LA CIVILIZACIÓN ELECTROMAGNÉTICA

MONSTRAT FUTURUM
En este texto situaremos como presente un momento de transición entre una manera de habitar en metrópolis de millones de habitantes cuyos paradigmas se encontraban en los Nortes (Nueva York, Berlín, Tokio, etc.) hacia un tipo de asentamiento hoy llamado megalópolis.
Este asentamiento se describe por una infraestructura extremadamente precaria, compuesta de mega-periferias, planificación reducida a eficiencia de sistemas de distribución y evacuación de mercancías (super-carreteras, super-trenes, mega-aeropuertos, vías fluviales); explosión demográfica parabólica, y la transformación del territorio agroforestal en una industria biotecnológica desplegada que se constituye como periferia urbana y ya no más como ruralidad.

Estos nuevos asentamientos ya no se encuentran en los Nortes, sino que son producto de la acción de la transnacionalización de la industria y la política durante el s.XX y se encuentran en el que fue llamado tercer mundo: Asia, África, India, Latinoamérica.
Bombay, Delhi, Sao Paulo, Shanghái, Yakarta, Kinshasa son monstruosas señales –monstrat futurum-  de la formalización de la globalización como ideología detrás de lo descrito.
Solo estos seis asentamientos sumados, como ejemplo, concentran 100 millones de habitantes, y todos se encuentran aún en febril proceso de crecimiento demográfico y expansión territorial.

En este texto nos concentraremos en la cuestión material que sirve como pegamento para que sea posible que millones de personas se coagulen en una pieza urbana vaciando de habitantes y contenido la extensión rural.

ECOLOGIA ELECTROMAGNETICA
Nuestra hipótesis es que el Electromagnetismo es la materialidad de la ideología.
Nuestra primera evidencia es que todos los recursos energéticos y tecnológicos se han dispuesto de tal modo de transformarse  finalmente en Electromagnetismo o trabajar en sus términos. El carbón, uranio, los ríos, el viento, el petróleo, los rayos del sol, las olas hoy encuentran como destino su transformación en Partículas/Ondas Electromagnéticas.
El mismo cuerpo humano en su kinesis se comienza a medir en esos términos.

El Electromagnetismo cumple su rol de pegamento de la megalópolis (impulsando el contra-intuitivo deseo de habitarla, aún en la precaria mega-periferia) infraestructurando una nueva ecología y un nuevo paisaje físico que prolifera vigorosamente.
Los dos focos sobre los que actúa el Electromagnetismo son la psiquis individual y el cuerpo colectivo, ambos territorios modelados por máquinas a distintas escalas cuya función (evidenciada por los efectos) es la reunión de la mayor cantidad posible de individuos en la menor cantidad de área física: “todos reunidos; pero reunidos separadamente” (parafraseando a Debord). A la larga cada individuo se debería transformar en un gueto.

OPERACIÓN LOGISTICA
En su aspecto síquico individual, el electromagnetismo se comporta como una nube portadora de paquetes de datos que mantiene una conexión en forma de tejido (la mayor parte del tiempo suspendida “sensación de conectividad y ansiedad de conexión”) entre individuos nodos, pero cuyo requerimiento es el estado de trance por ensimismamiento facilitado por aparatos mediales estratégicos (a la manera de máquina de guerra).
El ensimismamiento, que opera como shock del cuerpo permite reemplazar la experiencia sensible por información indolora, anestesiando el sistema nervioso ante la experiencia de la participación del cuerpo colectivo de la megalópolis. En ese sentido el ensimismamiento permite la aceleración de los intercambios formalizados como datos (sobre todo las conexiones afectivas) transformando la interacción humana en operación logística.

Brevemente podemos rastrear la primera estrategia de cobertura de aparatos mediales de propagación y programación síquica el año 1933 en el proyecto Volksempfänger (Receptor del Pueblo) encargado por Goebbels y que prototipa la planificación mental con la entrega de un millón de “aparatos Receptores”.
Este breve rastreo nos obliga a volver sobre el asunto de nuestra posición en el tiempo de la civilización electromagnética en que actualmente cada individuo es un nodo emisor-receptor de datos, pero revisaremos este asunto luego, pues es necesario revisar el electromagnetismo como combustible de la maquinaria de movilización del cuerpo colectivo, verdadera razón tras la creación de dispositivos anestésicos ensimismantes.

INTERLUDIO: ALTA TENSIÓN, MAQUINA DE GUERRA
Cruzando las ciudades en un trazado no coordinado al de las calles, en su propio sistema de referencia y eficiencia avanzan una decena de trazas negras aéreas. Son los cables de las redes de alta tensión. Los cables son levantados del suelo por torres entre 15 y 25 mts de altura, y si es el caso de una megalópolis, pueden alcanzar los 60 metros de altura.
Esta red aérea puede ser rastreada por el paisaje cruzando todo tipo de territorios con indiferencia.
La red de energía es el nutriente de la megalópolis, la conurbación y la metrópolis. El trazado puede provenir de Termoeléctricas, Plantas nucleares o torres eólicas. Su llegada es a puntos estratégicos, subestaciones de distribución en una red capilar descendente hasta el empalme del fondo de cualquier habitación.

Esta infraestructura a escala de paisaje -Paisaje Electromagnético– irradia un espesor de partículas/ondas residuales que pueden ser percibidos por los cuerpos animales como una cascada electromagnética que se acentúa cuando la estática ambiental se eleva.
Sobre este asunto se ha detenido con tiempo Elisa Balmaceda en su trabajo “Electric Fields” conjunto de intervenciones que arrojan una visibilización a través de instrumentos de medición y objetos sensibles al electromagnetismo (tubos fluorescentes, aparatos efímeros) que en estos trazados permiten entrever lo que Elisa llama Arquitecturas Invisibles, en otros términos, aproximarse a la participación medioambiental y paisajística del monumental andamiaje electromagnético.  Link Aquí

Esto nos interesa porque son pistas de la compleja puesta en materia del imaginado como limpio, preciso y silencioso electromagnetismo, y que en lo sucesivo aparecerá más como un ruido de fondo que va enmarcando también el habitar cultural de las megalópolis y las conurbaciones.
La red de alta tensión, en su brutal trazado indiferente, muestra la conexión entre la megalópolis y las fuentes naturales de las que se abastece, señalando su posición de máquina de guerra.

MOVILIZACION DEL CUERPO COLECTIVO
Luego de este breve interludio que señala el cordón de plata que une la megalópolis con su fuente de nutrición (y la posición ecologica implicada) es momento de hablar de la segunda condición material que hace de esta una Civilización Electromagnética: esto es, la movilización del cuerpo colectivo.
La megalópolis funciona como una máquina 24/7 fluctuante según un cronograma que se estructura electromagnéticamente. A través de circuitos de trenes y metros eléctricos (mega bobinas), tejido eléctrico de media y baja tensión y transformadores para alimentar luces y maquinaria, torres de radio -estratégicamente localizadas-; y mini torretas-antena de celular cada 500 metros (promedio) es posible la realización de dos acciones simultaneas: la constante introducción de miles de nuevos individuos migrando continuamente a la megalópolis y el tránsito de millones de personas entre el centro y la periferia ida y vuelta diariamente en tramos que pueden alcanzar 100 kilometros. Todo el sistema monitoreado y coordinado por medio de satélites orbitales conectados a servidores localizados en data centers –por ejemplo, de los 36 data centers de Google, solo dos se encuentran en Latinoamérica (Chile desde 2012 y Brasil desde este año)-

La intensidad y permanencia de esta movilización coordinada no sería posible si los cuerpos (unidades elementales del sistema circulatorio ) no estuviesen en un nivel anestesiados y sobrestimulados simultaneamente para rendir en ambiente de hacinamiento y sobrecarga  de actividad necesaria para la actividad solicitada por el sistema.
Es el perfeccionamiento de la distribución y avance tecnológico de la conducción  electromagnética la que ha permitido que se produzca el salto de la metrópolis del s.XX a la naciente megalópolis del s.XXI y es en este punto donde aparecen las primeras imágenes de cómo se manifiesta la globalización invocada durante décadas como modelo ideológico.
En este momento podemos revisar desplazamientos a nivel cultural que dan pista en la afectación de la psiquis individual y en la movilización del cuerpo colectivo entre el período Metropolitano y el Megapolitano de nuestra civilización electromagnética.

SINTONIZACIÓN
En el solsticio del año 2016 realicé un ejercicio en la ribera del río de La Plata de Buenos Aires con la performer María Heller link aquí
En dicha experiencia, María se conectó a un trípode con antenas recicladas, usando una estructura metálica cableada en su cabeza. A través de un sistema sencillo, las antenas conectadas a aparatos de radio de Onda Corta y AM, a un pequeño amplificador y a tres parlantes; la performer pudo escuchar los sonidos captados desde el éter radiofónico, y más lejos, pudo percibir el efecto de interferencia que producía su propio cuerpo.
Con movimientos lentos en su propio eje, recordándonos la pequeña danza de Steve Paxton, María Heller comenzó a interferir en la señal radial modulándola-modelandola, asumiendo su posición de antena, buscando desde su cuerpo el ruido de interferencia con el que se sintiera conectada.

La sintonización es una tarea de minería de ondas, en que por medio de la modulación uno busca el sonido que inestablemente brotaba entre el ruido blanco. La sintonización de una determinada estación de radio o tv fue –durante el s.XX- un ejercicio de calibración, subjetivo, sujeto a interferencias. Había en la sintonización de las ondas, ya en obsolescencia, un acto en cierto modo escultórico, de modulación de un material extremadamente volátil e inestable para fijar.

La escucha de una información en particular, aparece mediada por la interferencia, aquello que desea colarse, como una aparición fantasmal. La interferencia es como un entrever, permite entre-escuchar por tanto, desenfocar la escucha, permitir la forma del rumor. Y desde ese rumor la aparición matizada de las cosas.

La sintonización, una acción exclusiva del s.XX, no solo estaba referido a los aparatos de radio, sino que se extendía con su raigambre cultural al ámbito de las relaciones. Durante el siglo XX, período de la formación de la Metrópolis, las relaciones humanas en términos empáticos se realizaban por sintonización. Los individuos se disponían a mutuas modulaciones buscando la señal conectiva aún cuando esta llegara con ruido blanco, inestablemente y con la interferencia de otras señales.
No fue en ningún caso un siglo de paz, pero la acción de sintonización social permitió la formación de grandes asentamientos humanos que aún se leían como ciudades donde se daba lugar la mezcla, asentamientos mixturados por grandes migraciones y disidencias de los cuerpos: Nueva York, Buenos Aires, México D.F., Paris, Hong Kong eran centros multiculturales de una nueva época de la humanidad que llegaba con la posguerra.

PAQUETES DE DATOS
Al comienzo de estas notas, se señala que nuestro período es el umbral entre la época metropolita y megapolitana de la civilización electromagnética. Aún nuestra generación –de mediana edad- sigue relacionándose por sintonización, y como primera generación video-electrónica (citando a Berardi Bifo: aprendimos más palabras de la televisión que de nuestra madre) podemos comprender, desde nuestra propia experiencia, la ductilidad síquica de las generaciones siguientes para ser modelada por aparatos de mediación en los procesos de incorporación del lenguaje.
(el Objeto a ahora puede venir desde la realidad virtual)

La presente generación es programada en su aprendizaje para relacionarse por el método de paquetes de datos. En los paquetes de datos –enviados por señales portadoras de alta frecuencia- el dato llega completo o no llega nada. Los paquetes cargan y descargan, la información se codifica y decodifica con llaves, y para poder acceder al contenido es necesario tener el gadget adecuado.
Así, la manera de relacionarse, como ya se dijo, se mimetiza con la operación logística, siendo la eficiencia en términos de compuerta lógica: o hay comunicación –y esta es total- o no hay nada.
En el raingambre cultural de la generación del gadget no hay margen alguno de error, no hay ruido ni interferencias que puedan ser permitidas, no hay fisuras. El multiculturalismo es reemplazado por un tipo de coexistencia inédita en que la proxemica física no garantiza proximidad afectiva alguna, si esta no está mediada por algún sistema de coordinación de alta especificidad. Todos los individuos se encuentran encriptados unos a otros.
Las condiciones son ideales para la motorización de la megalópolis y la precisión de la guerra global de baja intensidad: El dron asesino no apunta contra un individuo, sino que contra el dispositivo celular en el bolsillo del individuo.  El individuo portador de dispositivo y vehículo puede ser chofer de Uber en sus “tiempos muertos” sin importar su competencia ni precarización.

Cristian Espinoza
Vila Madalena – Sao Paulo
27.06.2017


 

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