RURAL.SCAPES: RF_1.2. Sintonización

“Languideciente, el cobre de los sabios se hincha a causa de la hidropesía, por lo que busca las aguas salutíferas. Es como Naamán librándose de las huellas de la lepra en el Jordán, y se lava tres y cuatro veces en sus linfas. Así, pues, precipita en agua dulce tus cuerpos, y luego aquélla, por su virtud salutífera, arrastrará las enfermedades”
EPIGRAMA XII- De Secretis Natura, Atalantic Fulgiens, Michael Mäller

PROYECTO RUIDO DE FONDO
RF_1.2. Sintonización

Investigación y creación: Cristian Espinoza /Registro Ph: Manoela Cardoso – C.Espinoza -/ Rafael Marchetti / Curaduría y Producción: Rafael Marchetti -Rachel Rosalen / Laboratorio en Residencia Rural.Scapes – Fazenda Sta. Teresa – Sao José de Barreiro, Sao Paulo (BR)
16. 6. 2015

Sintonización
Como he escrito antes en esta bitácora sobre el asunto del silencio, diré sintéticamente que cuando aquí se sugiera silencio no se hablará de ausencia de ruido, sino de una experiencia de espaciamiento interior, de suspensión y un determinado recogimiento.
Me veo escribiendo ahora sobre los sucesos del día 16 de Junio, alrededor del solsticio, ya que en esta experiencia aconteció que, por decirlo de algún modo, crucé el umbral que me permitió entrar al territorio intensivo donde habitaría los siguientes días.

Ya en los días anteriores había hecho ejercicios de observación y en ese observar había constatado la presencia de las prótesis de la conurbación: las inmensas torres de energía que iban de las usinas hidroeléctricas y nucleares a Sao Paulo y Río de Janeiro, anclándose en los valles, las ondas de radio que llenaban el éter y que eran retransmitidas por antenas en las cumbres, etc.
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Pero en esta ocasión lo que constataría era la grabación de la conurbación en mi propio cuerpo síquico, y a la vez, la aparición del territorio natural en su propio registro.

Así es como fui por un camino hacia un siguiente vallecito inmediato a la Fazenda. El ascenso por el camino me permitió hacer un grupo de fotos concentrándome en ramas y paramentos frágiles que a la postre servirían de imagen-objetivo para diseñar mis esculturas.
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Al fondo del valle había un pequeño estanque quieto que espejaba las montañas nubladas.
En ese sitio instintivamente me quedé también quieto.
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Y sucedió que en el silencio completo de este lugar, comencé a inquietarme y llenarme de un miedo irracional. Decidí seguir quieto pese a mis pulsiones y me di cuenta de lo que sucedía: el exterior y mi interior descalzaban completamente. El silencio era tal, que me permitía escuchar mi ruido interno.
El silencio del valle me permitió escuchar por contraste el ecosistema síquico que se alojaba en mi vaso. Dentro de mí escuchaba pensamientos y transitaban imágenes que venían de las metrópolis que me habitaban.  Arrastraba el mismo torrente eléctrico, caótico y caliginoso que las torres de alta tensión en el camino.
Estas imágenes y sonidos me produjeron angustia y terror.
Entonces – y emulando el segundo régimen de Saturno- decidí acentuar la quietud de mi cuerpo y acentuar consigo el contraste entre este exterior en suspensión y mi caos interno.

Sucedió que el estanque exterior comenzó lentamente a llenar mi interior reemplazando las imágenes hasta un punto de transformación completa de los contenidos, y esto no en forma alegórica, sino experimentado como sensaciones sedantes sucesivas.
La sensación de la operación es como el llenamiento del vaso de un agua cristalina de forma calma en un rumor continuo hasta que dentro de mí se produjo un silencio semejante al externo.
Había dejado de vibrar ruidosamente y me sentía sintonizado con la ondulación susurrante del lugar, por primera vez en mucho tiempo, me di cuenta que estaba en paz, y me di cuenta también que antes no lo estaba, entonces pude ponerme a la escucha de los acontecimientos del valle, de su propio temperamento.
Luego de esto, mi anterior interés por la conurbación y las prótesis habían perdido valor, lo que proseguía era entrar en contacto con un riachuelo que cruzaba el valle, que es la entidad con la que dialogaría y trabajaría los siguientes días de residencia según había planeado de antemano, plan que afortunadamente no descalzaba con mi nuevo interés y estado.

Santuario y puente simbólico
085En mi retorno de este paseo la presencia de un bloque de hormigón en medio del río se hizo gravitante.
El sendero que había recorrido era un viejo camino abandonado que en algún momento conectaba con este vallecito a través de un puente que ahora era una ruina monolítica y extraña en medio del riachuelo.
A partir de ese monolito decidí entrar en un dialogo con el río para que este me mostrara sus inflexiones y momentos desde sí.
Una de las opciones fue restaurar el puente simbólicamente, pero esta vez buscando el punto apropiado para la unión de las dos orillas. El punto escogido estaría a algunos metros de distancia del antiguo puente derrumbado, ya que en este nuevo punto había cartografiado un determinado movimiento del río (del que hablaré luego) y que quería signar.
Por otro lado, luego de sentir la tentación de intervenir el monolito, sentí que su presencia se bastaba a sí misma y que –fuese del modo que fuese como había llegado ahí- configuraba de cierta manera un santuario arcano. Un momento del río particularmente hierático bajo la noche de un bosquecillo de bambú y en el que el valle, para mí, se encontraba con su propio misterio.

En resumen: Decidí pensar que el antiguo puente destruido en medio del río sería un santuario como mencioné, por tanto el bloque encontrado sería señalado como el hallazgo de una ruina (jamás un escombro); y también como señal de la potencia de construir un nuevo puente para el río.

En consecuencia, decidí construir un puente, esta vez en otro punto distante y con sus propias reglas: No un puente para el tránsito de los hombres, sino para el goce axial del río y sus dos orillas.
Finalmente el puente que construiría formaría parte de un pequeño sistema de antenas que cumplirían la función de recibir el rumor del río y retransmitirlo al éter por medio de aparatos de radio, pero de esta operación hablaré en la siguiente entrada a la bitácora.

 

Espíritu del río
El riachuelo es tan cristalino que está al límite de su desmaterialización. A la percepción el material es de una levedad que parece un fantasma traslucido apenas más matérico que el aire cuando se percibe su deformación en un espejismo.

Al igual que un espejismo, este curso de agua revela su propio movimiento y este movimiento es una ondulación que semeja ineludiblemente a las ondas de radio.
El riachuelo es entonces, de algún modo, un torrente de ondas radiales que corre y esculpe el valle en la dirección que la gravedad orienta, corporeizado por agua/ectoplasma.
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Registrar la ondulación en registro sonoro, es entonces registrar su huella digital-su virtualidad-, es extraer la forma dinámica matriz no solo del río mismo, sino también la protoforma y ley de diseño que modela el valle.
Sentir las ondulaciones y capturarlas fotográficamente para luego aislarlas en un dibujo, fue para mí la manera de mapear el espíritu del río.
Estas ondas serían en lo sucesivo el material que intentaría extraer y retransmitir como onda de radio. A este fenómeno de captura de lo esencial y transporte a través del éter lo he denominado -al igual que los platónicos- METEMPSICOSIS o TRANSMIGRACIÓN.
A diferencia de estos mismos platónicos no me interesa la densidad de significados que la protoforma pueda tener-no me interesa establecer una ley de diseño (Eidos)-, sino capturar instantáneas y sonidos de la multiplicidad de intensidades que recorren los estratos de percepción de la protoforma; es decir, la densidad de sentidos (Phatos.)
La cartografía  como práctica inicial de todos mis experimentos indica que la forma re-trazada, si existió fue por un instante y ya no existe más, y al igual que lo nebuloso de las fotos de los fantasmas, no pretende dibujar un contorno o ser un calco de lo real, sino dar cuenta de cómo la lógica de los sentidos (los míos) se impregnan de una determinada intensidad que en cada actualización tomará una forma diferente –ya no la materia como centro de lo real, sino como ectoplasma del continuo movimiento ondulante de la manifestación espiritual-, no veo otra manera de aproximarse a lo intempestivo de la naturaleza en tanto que acontecimiento. Para comprender esto último baste -como Juan Borchers-, realizar un bestiario de nubes dibujando arduamente las que se le aparecen en su cielo (le bastarán 15 minutos de ejercitación.)
El río cristalino que corre, el fantasma y la nube comparten la misma descripción: velocidad infinita y multiplicidad de formas que se suceden, y se esfuman.
Es así como, tanto en las cartografías siguientes, como en las fluctuaciones del río capturadas por onda de radio y reproducidas sonoramente lo que encontraremos serán estrías y rumores sin borde, y como nuestra forma de comprender univoca requiere bordes, nos parecerá inicialmente ruido (carente de significado). Este ruido es lo que corremos a enfrentar en su nueva dimensión plurívoca y que pretendemos traer a la luz de los sentidos. Sonidos carentes de significado, pero no sin sentidos que los reciban.

IMG_9650 IMG_9651 ondas acuaticas mapeo
NOTAS: En Santiago de Chile, bebiendo cerveza con mi amigo Aldo B. me veo explicando este proyecto, y me veo en la narración usando permanentemente la palabra percepción: modificación de la percepción, alteraciones, trasformaciones, etc.
Aldo me señala que la percepción se mantiene en todo momento intacta. Los sentidos son pulsados en los mismos terminales estén donde estén, y las fuerzas que los interpelan llegan de un modo abstracto, prácticamente como un on/off electrónico. Y sugiere en cambio, que lo puesto en juego sucede, no en el campo de la percepción, sino de la representación.
Hablamos en extenso sobre la crisis de la representación y mi necesidad en este proyecto de problematizar sobre cierto tipo de representaciones que ya no da cuenta del nuevo tipo de territorio de carácter hibrido que está naciendo fruto de la civilización electromagnética y metálica que irrumpe en una biomasa que se aparece cada vez más extraña, mutando y pujando en una dirección incierta.
Ambos: biomasa y prótesis mecánicas, parecen, para nuestros afectos, volverse cada vez más etéreas y virtuales, desmaterializándose en un tipo de registro, en que cada cosa o sustancia es solo un dato reductible a un saber de frecuencias, energías y longitudes de onda en un tono utilitario como intensidades para nuestro goce neural (la lógica del videojuego.)
Como contrapunto, desdibujar los bordes de las sustancias dadas como obvias, y ponerlas nuevamente en el campo de lo desconocido, permite la aparición de una multiplicidad de nuevas representaciones como modo de individuación ajenas a la lógica reduccionista del uno heredada del platonismo. Selecciono dos citas en torno a estas ideas:
1. “Nada hay igual, sólo diferencia. Lo propio de cualquier modo de individuación es justamente ser diferente a cualquier otro modo (…) Deshacer el organismo nunca ha sido matarse, sino abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo un agenciamiento, circuitos, conjunciones, niveles y umbrales, pasos y distribuciones de intensidad…” (Gilles Deleuze, Félix Guattari  : Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia)
2. “Indudablemente tenemos en Latinoamérica una influencia de la concepción de la realidad que es cartesiano y que nos impide aceptar como real las cosas que no podemos explicarnos(…) que parecen sobrenaturales y que aquí uno no se atreve a decirlo porque está prohibido (…) vivimos rodeados de la fábula a toda hora (…) no vemos el mundo como en realidad lo vivimos (…) los europeos sólo aceptan la realidad como ellos la han interpretado (…) y las soluciones como las han concebido y aplicado. Sólo así son válidas (…) no creen en una realidad que esté un poco más allá de su concepción” (Gabriel García Márquez)

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